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araña

Si una sociedad futura analizara las ruinas de la nuestra, difícilmente dudaría de que los dispositivos de videovigilancia ocuparon un lugar central en la vida cotidiana. Las cámaras colonizan el espacio público, pero también el privado: observan calles, edificios, puertas, jardines, cocheras e interiores. Su presencia se ha vuelto tan habitual que apenas reparamos en ellas. Sabemos que somos registrados de manera permanente, pero rara vez nos preguntamos quién observa, con qué propósito o qué sucede con esas imágenes. La vigilancia se ha integrado al paisaje cotidiano hasta volverse prácticamente invisible.

Araña: estructura colgante con cámaras de seguridad en lugar de luminarias

Araña forma parte de la serie Arqueología del vigiloceno, una investigación artística sobre la naturalización de los dispositivos de vigilancia y las formas en que estos modelan nuestra percepción del espacio y de nosotros mismos. La obra toma la estructura de una araña de iluminación —un objeto asociado históricamente al ornamento, la domesticidad y la representación del poder— y reemplaza sus luminarias por cámaras de seguridad, desplazando el lenguaje de la vigilancia hacia el terreno de lo decorativo.

Sin embargo, las cámaras de la araña están completamente desconectadas: no registran, no almacenan ni transmiten imágenes. Su capacidad de vigilancia es únicamente simbólica. No necesitan funcionar para producir el efecto que las sostiene. Como en el panóptico, la mera posibilidad de ser observado modifica la conducta del sujeto. Pero la obra introduce una tensión adicional: mientras el panoptismo supone una vigilancia siempre presente, nuestra convivencia cotidiana con estos dispositivos ha producido el efecto inverso. Las cámaras permanecen allí, visibles y omnipresentes, pero las hemos naturalizado hasta dejar de verlas.

Araña, vista 2
Araña, vista 3
Año
2024
Técnica
Escultura – Objeto – Instalación
Materiales
Tubos de PVC, cámaras de seguridad, cadena de acero
Dimensiones
80 × 100 × 100 cm, 4 kg